Por Frankie Deges. El rugby y el alcohol son primos hermanos. Guste o no leerlo – y aunque duela escribirlo – es imposible encontrar, en planteles superiores, un tercer tiempo sin grandes cantidades de alcohol. Éste es un problema para muchos, sobre todo quienes no beben o miran desde afuera hacia adentro como los padres y entrenadores.
Los jugadores reconocen que tomar alcohol en los terceros tiempos es parte clave de la diversión del rugby en ese encuentro con los rivales tan único del rugby. No lo hacen necesariamente para emborracharse, pero con el correr de la tarde y noche, el alcohol trae esa consecuencia. A veces buscada, otras encontrada a partir de los propios excesos.





















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