Liderazgo y Prevención

Por Fernando Monserrat

Se inició en el mes de abril un nuevo ciclo -el tercero en forma consecutiva– del Programa de Prevención de Adicciones. El mismo ha sido ideado para dotar a la comunidad del CASI de herramientas aptas para enfrentar efectivamente este flagelo de nuestro tiempo, que afecta especialmente a los jóvenes.

Scrum

El Programa de Formación de Líderes para la prevención en problemas de alcohol  y otras drogas, “Mi cuerpo es mi casa”, que en forma paralela se está desarrollando en distintos clubes e instituciones educativas, ha sido especialmente diseñado para abordar esta problemática ya desde la infancia –a partir de los 3 años- y es coordinado por la Lic. Alejandra Inés Lacroze, quien dirige un equipo de sólida experiencia en la materia.

En notas anteriores publicadas en esta Revista nos hemos referido a los estragos de todo tipo que provocan las adicciones entre los adolescentes, así como a la cada vez más temprana edad en que se inician en el consumo de alcohol; la incidencia que ello tiene en los altos índices de mortalidad por accidentes; las conductas violentas, de consecuencias impredecibles; las relaciones sexuales de riesgo y la problemática específica que afrontan las mujeres, etc.

Se ha señalado también que en la etapa adolescente disminuye la influencia de los adultos y aparece el concepto de grupo y la identificación con pares, por lo cual la comunicación debe realizarse de una manera distinta, a través de modelos de identificación que este grupo reconozca como tales.

En virtud de ello, el programa persigue, en palabras de la Lic. Lacroze, los siguientes objetivos:

  • Promover entre los jóvenes una  “conciencia cívica”: “Somos parte del problema pero también somos parte de las posibles soluciones”.
  • Proporcionar a los jóvenes un espacio  de reflexión, respeto y tolerancia hacia  ideas diferentes de las propias.
  • Instalar el “uso de la palabra” y no los de la acción y  los impulsos.
  • Escuchar a los jóvenes,  para realizar un diagnóstico real y contextualizado en la población del Club, a fin de establecer  estrategias concretas y sistemáticas -a mediano y largo plazo– para mejorar la situación actual.
  • Formar líderes, para que “los más grandes hablen a los más chicos” y transmitir el concepto fundamental del Programa: “Mi cuerpo es mi casa”

Este trabajo se hace “en equipo”. Los adolescentes funcionan “en grupo”. La metodología de trabajo implica generar un debate a partir de grupos de reflexión conformados por los líderes y coordinado por profesionales del equipo. En cuanto al trabajo con los chicos, se tratará de crear en forma conjunta con ellos una estructura elástica, desechando la rigidez de algo ya armado, pues la experiencia ha demostrado que ello es altamente enriquecedor para quienes conforman el grupo.

La propuesta, “en términos de rugby”, implica “desarrollar una ‘Organización Defensiva’, que se auto-regule frente al consumo de alcohol y el control de la violencia. Un trabajo en bloque, donde los jugadores trabajan como unidad, como una pared impenetrable, a lo ancho de toda la cancha, que es el contexto de continuo acoso en pos del consumo de alcohol. Los jugadores, deben estar cerca y cuidarse de no pasar la línea de off side, que es el exceso. Comprender, comunicarse, un buen estado físico y compromiso, son los ingredientes esenciales de una organización defensiva exitosa; pero lo más importante es la capacidad de cada jugador de tacklear a su directo adversario    –su situación individual frente al consumo de alcohol– en todo momento y circunstancia del ‘partido’: la lucha contra los problemas de alcohol y violencia.”

“La idea central instrumenta los valores del rugby  (solidaridad, compromiso, compañerismo, lealtad, trabajo en equipo, disciplina, respeto, complementariedad, unidad, integración, cumplimiento de reglas, contacto, comunicación, intensidad, fuerza, empuje, tolerancia al sufrimiento, etc,)”

A modo de conclusión, la Lic. Lacroze agrega: “Se realizará una devolución a partir del material trabajado, con una propuesta enfocada a utilizar los recursos que la institución ya posee. De esta manera, a la institución le queda “algo armado”, para bajar en forma de pirámide y multiplicar lo que llamamos “agentes multiplicadores”.

El lunes 11 de abril se desarrolló un taller con entrenadores, mientras que a partir del lunes 18 en adelante, y hasta el 23 de mayo, tuvieron lugar los talleres con líderes de las divisiones juveniles: M15, M16, M17 y M19. Por último, el lunes 30 de mayo se presentaron los resultados de 3 años de trabajo en una reunión de la que participaron el Presidente del Club, la Subcomisión de Rugby en pleno, el Head Coach y entrenadores de las divisiones juveniles e infantiles.

El trabajo realizado con entrenadores y jugadores de las divisiones juveniles en 2010, ha dado frutos muy positivos, tales como:

  • Programación de fiestas en el Club, para ofrecer un espacio SEGURO para los jóvenes.
  • Creación de espacios específicos para los jóvenes, como la recientemente inaugurada Sala de Cadetes o el proyecto, ya iniciado, de puesta en valor de La Playita, etc.
  • Actividades desarrolladas durante las vacaciones de invierno 2010.
  • Actividades tendientes a acercar e integrar a las familias en la vida del Club.
  • Realización de partidos de las divisiones juveniles en la Sede Central.

En este contexto, está prevista la realización de dos jornadas de trabajo con las divisiones infantiles: M9, M10 y M11, el domingo 12 de junio; M12, M13 y M14, el lunes 20 de junio.

A propósito de la preparación las Jornadas, la Lic. Lacroze nos cuenta, con indisimulable entusiasmo, que “los chicos (líderes surgidos de los talleres realizados con los juveniles) eligieron qué hacer y TODO es idea de ellos. Con muy buen criterio, decidieron tomar el camino más moderno de la prevención, consistente en promover conductas positivas y ‘cuidar el territorio’, algo que los rugbiers saben muy bien”.

Es muy ilustrativa la experiencia de un grupo de padres, “vecinos de la plaza Palermo Viejo (ex Campaña del Desierto, ex Armenia), para erradicar a los dialers, que se juntaban por las noches y habían convertido el espacio en un centro de distribución de drogas. Simplemente, decidieron ocupar ese espacio de un modo activo, organizando picnics y veladas en la plaza hasta altas horas de la noche, informando de esos movimientos a las dos comisarías con jurisdicción en la zona.

Mantuvieron la presencia durante un par de meses, turnándose, hasta que los vendedores de droga decidieron mudarse. A partir de ahí, empezaron a efectuar mejoras en la plaza, con apoyo del Gobierno de la Ciudad y de los comerciantes… En fin, lo que veo allí en Palermo Viejo, es una voluntad bastante firme de un grupo pequeño (como podrían ser los participantes de estas Jornadas) por cambiar una realidad adversa e ir construyendo, de a poco, el club, el barrio y la ciudad en la que están dispuestos a vivir. No se trata de teorías ni de recetas incorporadas de prepo.

Son los   principales interesados los que tomaron el asunto  en sus manos y supieron pedir (y exigirles) al club, al gobierno y a los organismos competentes, cada cosa que necesitaron”.

Fernando Monserrat
Nota publicada originalmente en la Revista CASI – Julio 2011

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