Alcoholismo: Una enfermedad hereditaria

¿Cómo comienza esta enfermedad? ¿Por qué algunas personas se convierten en alcohólicas y otras no? ¿Por qué el alcoholismo se da generación tras generación en algunas familias y en otras no? ¿Por qué el alcoholismo es tan común en algunos grupos étnicos y tan raro en otros?

El alcoholismo y sus raices en la adiccion

Las explicaciones tradicionales para estas preguntas siempre han hecho al alcohólico responsable por lo que le pasa (“carácter débil”, “falta de voluntad”), se ha puesto la responsabilidad en los padres o en el nivel cultural (“mal ejemplo de los padres”, “gente inferior”). El tono ha sido siempre moral y el efecto que se ha conseguido es aislar al alcohólico.

La sospecha de que el alcoholismo es hereditario es algo que se da desde tiempos muy antiguos. La única base que se tenía para pensarlo era la observación de que el alcoholismo tendía repetirse en las familias. Esto en sí no es prueba de una transmisión genética, ya que el factor ambiental puede explicarlo. Los miembros de una familia comparten genes pero también comparten un medio ambiente.

La herencia y el ambiente

Separar los efectos de la herencia y del ambiente es fundamental en el estudio de la genética del alcoholismo. Esto es lo que hicieron en Dinamarca Goodwin y sus colegas, que estudiaron 5.483 individuos que fueron adoptados en su temprana infancia. Los investigadores encontraron que los hijos de padres alcohólicos que habían sido adoptados por otras familias se convertían en alcohólicos con una frecuencia tres veces mayor.

La confirmación de este estudio se hizo en Suecia en 1978 cuando Michael Bohman estudió a 2.324 individuos adoptados y a sus padres biológicos.

Bohman descubrió que los hijos de padres alcohólicos se convertían en alcohólicos con una frecuencia tres veces mayor que los hijos de padres no alcohólicos. Y los hijos de madres alcohólicas con una frecuencia dos veces mayor.

Diferencias según razas

Estudios sobre diferencias raciales en el metabolismo del alcohol muestran que estas están basadas en una variación genética en las enzimas que intervienen en el metabolismo del alcohol. Diferencias moleculares han sido encontradas entre orientales y occidentales en ciertas enzimas específicas involucradas en la ingesta de alcohol: ADH ALDH. El 90 por ciento de los orientales tiene una ADH activa y el 50 por ciento presenta una deficiencia de la ALDH. Cuando esto se da, el consumo de alcohol, aún en una cantidad moderada, lleva a síntomas no placenteros. Estas diferencias genéticas pueden ayudar a explicar la baja prevalencia del alcoholismo entre los orientales. Recientes estudios de Japón muestran que la deficiencia de la ALDH es menos común entre los japoneses alcohólicos.

En abril de 1990 se publicó un estudio en el “Journal of the American Association” (JAMA) de Kenneth Blum, de la Universidad de Texas y Ernest Noble, de la Universidad de California.

Lo que hicieron estos investigadores fue extraer ADN del cerebro de 35 alcohólicos y 35 no alcohólicos y probar 9 genes específicos implicados en estudios previos de alcoholismo.

Relación entre un gen y la adicción

Los resultados: en un 77 por ciento de los alcohólicos descubrieron una forma específica de un gen: receptor de la dopamina D2.

El receptor de la dopamina D2 afecta la habilidad del cuerpo para absorberd la dopamina, sustancia asociada a los sentimientos de placer.

Una de las teorías es que el gen puede cambiar el modo en que la dopamina actúa en el cerebro, lo que puede afectar la cantidad de placer creada por el alcohol.

El gen en cuestión controla un lugar muy importante de nuestro cerebro, el lugar que nos hace sentir bien.
¿Qué relación habría entre este gen y la adicción?

“Tal vez”

Blum explica: “Muchas veces hay deficiencias en los receptores de la dopamina, por ejemplo cuando una persona está en una situación de riesgo. Para “corregir” esta deficiencia la persona puede buscar maneras de estimular el sistema de la dopamina. Esto es exactamente lo que hace el alcohol”.

Blum continúa: “Esto es lo que hace la cocaína, la heroína, el juego, el sexo, la comida, o la marihuana”.

Tal vez acá estriba el secreto de la adicción al alcohol, pero la palabra es “tal vez”.
“Existe una creciente evidencia de que hay una vinculación genética”, dice Daniel Anderson, presidente de Hazelden Foundation. “El problema es que la vinculación es cada vez más compleja. No interviene solo un gen, sino una serie de genes. Y hay actividades celulares, diferentes niveles de transmisión nerviosa, enzimas. No hemos podido aún ponerlas todas juntas”.

Enfermedad familiar

De todas maneras, el estudio subraya algo importante: Muchas personas adictas al alcohol tienen una biología única, ellos son vulnerables al alcohol de una manera que otros no lo son.
Estas palabras tienen especial significado para los hijos de los alcohólicos, especialmente para aquellos adictos al alcohol. El alcoholismo es una enfermedad familiar que a veces saltea generaciones.

Está siendo cada vez más claro que las diferencias en la sensibilidad al alcoholismo existen, pero no por razones “morales”, sino por razones genéticas.

Es importante enfatizar que estos factores genéticos que tienen que ver con diferencias metabólicas, no son en sí patológicos. Solo se hacen manifiestos cuando se consume alcohol y son importantes sólo porque el consumo de esta sustancia es parte permanente de nuestra cultura. Sólo la bebida alcohólica les da un significado. No hay una justificación para creer que es una “genética superior” la de aquellos que beben y no son alcohólicos. Sólo son más afortunados.

Teorías desechadas

Esta perspectiva termina con la idea de que los alcohólicos simplemente pierden la voluntad para controlar la bebida. Tratar a los alcohólicos como malas p-ersonas no nos ayuda a entender por qué se vuelven adictos. Los alcohólicos, en sus comienzos, no beben de una manera diferente a los demás. Tienen las mismas razones y las mismas intenciones. Sólo que los alcohólicos quedan “enganchados” y sus amigos no.

Explicar el alcoholismo como un síntoma de una enfermedad mental también fracasó. Hace 30 años estábamos convencidos de que el alcoholismo era un síntoma de un desorden psicológico o emocional. Este era un mal modelo.

Los alcohólicos no son ni malos ni locos. Ellos viven con una realidad física que recién estamos empezando a comprender.

Lic. Alejandra Inés Lacroze
Artículo originalmente publicado en el periódico La Prensa, en abril de 1991

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